El último trueno hizo retumbar el cristal, pese a ello, no se inmutó. Irène Némirovsky seguía escribiendo, su pluma se deslizaba entre el papel con la misma armonía con las que sonaban las notas musicales del gramófono. La tinta retocaba las últimas letras del último capítulo de su nuevo libro, La suite francesa. El ruido de las gotas de la tormenta marcaba el compás al que la pluma de Irène se movía.

En el exterior ninguna tormenta podría haber parado la velocidad a la que un vehículo aceleraba en dirección al pequeño pueblo de Issy-l´Éveque. El coche se detuvo.

“Nadie ha vuelto a tener noticias suyas.” Era la última frase de su novela. ¿Vería algún día la luz? Miró la estrella cosida en su camisa.

Tiraron la puerta, sin el menor miramiento, sin la menor piedad.

- ¡Waffen SS! ¡Cogedlos a todos, vamos!

Era trece de julio de 1942.

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